miércoles, 19 de diciembre de 2018

Nací en pleno verano, 6 de febrero, el calor era sofocante, las moscas peleaban contra los mosquiteros de las ventanas, por las noches el viento fresco renovaba el aire dentro de la casa, los tamarindos murmuraban y los sapos fueron mi canción de cuna,un perro pequeño se metía dentro de mi cuna y se escondía debajo de la manta,...me hacia compañía , me consolaba. Cuando mi llanto heria el silencio, alguien venia a mi rescate y me alimentaba, mi abuela o una tía adolescente,a la que llamamos cariñosamente Mimo.Ella solía llevarme a su cuarto, y me acurrucaba en su costado, yo le tomaba con fuerza un dedo, , ella acariciaba mi cabello, hasta que me dormía, no podía usar chupete, no podía amamantarme como un niño cualquiera, fue tan traumatico cuando mi familia me vio por primera vez, que corrió como rió el rumor por el pequeño pueblo, que yo parecía un monstruo y mis padres no querían ni siquiera tomarme entre sus brazos. Hace muy poco me contaron detalles precisos de todo lo que aconteció alrededor de mi nacimiento. Mi padrino...el Gringo, llego con la chata tirada por caballos de llevar la leche,se bajo de un salto y le ordeno a su esposa Irma que se preparara, y que alistara todo, porque yo había nacido. Que estaba complicado,que venia con un defecto,que si no podía alimentarme podía morir, que todos estaban conmocionados y que querían bautizarme lo mas pronto posible,que nadie se ofrecía y ellos irían y serian mis padrinos. Este relato es textuales palabras de mi madrina Irma. Y así fue, yo no sabia porque, pero mi padrino Alberto fue toda mi vida un ser especial, yo no conocí el porque hasta hace poco, pero fue la persona que me amo, antes de conocerme y yo ame tanto, que cada viernes me sentaba frente de mi casa a esperar a que el pasara. Es maravilloso saber que Dios puso personas como mi padrino, mi tía ,mi abuela, para que yo sobreviviera los primeros quince días, y a eso le debo el resto de mi vida.

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